Después de haber sido el centro de atención, de la nalgada y las miradas entre pícaras y sonrientes, sentado más cómodo, descalzo, continué con mi cerveza y la charla en torno al sitio ideal donde viven. (lee El Invitado)

Descalzo, qué sensación andar descalzo sobre le hierba húmeda. Unas caricias frescas que en momentos erizan la piel. Y te transporta.

Elena, mientras se hacían los últimos bocados en la parrilla se sentó sobre las piernas desnudas de Enrique. Se besaron húmedamente y acarició mi pierna más cercana regalándome la vista de sus pechos turgentes. Sonriéndome.

Enrique le acariciaba la espalda bajo la camisa, negándome de golpe su piel tersa y tostada delantera pero regalándome los pezones marcados en la camisa.

Me muestran en sus móviles sus cuentas en Instagram y Twitter. Una colección imágenes de lugares cotidianos, locales y agradables dónde ellos aportan escenas de cariño y algún desnudo.

Me gustan las curvas de Elena. Enrique tiene un pene relajado y bonito en su expresión estética. Dorado y suave. Elena tiene las nalgas ideales para posar unos labios y retozar con la lengua. Una espalda suave donde depositarme y jugar. Me seducían sus imágenes.

Creo que notaban que mi excitación no menguaba, al contrario, era directamente proporcional a la cantidad de material gráfico con el que me seducían.

Vamos a comer, dijo Elena, se levantó, y enrique aprovechó para meter su mano bajo el short de Elena. Quise ser mano para entrar y acariciar sus redondos glúteos. Elena rozó mi bulto. Y le dijo algo al oído a Enrique.

La hierba bajo mis pies. Las piernas armoniosas de Elena. Mi mirada. El falo de Enrique libre balanceándose bajo su bañador.

Pensaba que nos sentaríamos en la mesa grande del jardín, dónde habían platos, fuentes, cubiertos. No, tenían otro rincón, justo al lado, con una mesa baja y asientos cómodos al estilo sofá.

El festín de comida nocturna, para nada era colesterol. Algo de carne sí, pero también verduras, humus y alguna salsa. Detecté hamburguesas de garbanzos y lentejas.

Enrique, sin camiseta, le acerca una copa de burbujeante cava a Elena y la besa. Me acerca otra a mi y me besa. Brindamos.

Sentados, cómodos, con la conversación ideal, sin ser sexual explícitamente, hablábamos de la sensualidad en la imagen y la pintura. Por ejemplo la que desprenden los cuadros algo oscuros de Ramón Casas.

Me pone a mil, me eriza la piel y los pezones se me ponen duros cuando a través de un arte, como vehículo, varías personas podemos erotizarnos y transmitir morbo, dejar nuestra mente volar e imaginar que le pasaba a un pintor por la cabeza, qué nos quería transmitir y qué había vivido realmente.

Elena, por ejemplo, describía con detalle cómo le habría gustado vivir así para pintores, artistas y fotógrafos que abusaran de su piel y cuerpo ante el objetivo o desde el lienzo y que luego ella abusara de ellos en la cama. Celebrar cualquier fiesta en la que al final no supiera en qué cama ha dormido, en el caso de haber dormido.

Noto mi polla húmeda. Elena consciente, me acaricia por encima y me besa.

Continuamos la charla. Enrique explica habría disfrutado situaciones ambiguas y morbosas entre lienzos y tras las bambalinas. Desnudarse de golpe ante personas que no conoce.

Propone: Nos desnudamos los tres venga. Pero nos dejamos una prenda.

Mis ojos volvieron a dilatarse.

Elena hizo trampas, se quitó los shorts y se quedó en camisa abierta ya del todo menos un botón y en tanga. Lo prefería, su piel tostada y tersa, el cabello dorado, la sonrisa y la poca ropa era una escena de lo más erótica y sensual. Muy provocativa.

Enrique bajó sus shorts dejando ver un tronco coronado por un capullo rosado. Pero se los subió a carcajadas para quitarse la parte de arriba. Pectorales firmes sin estar fibrado. Bonita piel.

Me toca. No se que era más incómodo, si estar con mi barriguita desnuda o mi polla semi erecta. Opté por lo que más me pone a mi. Dejar caer el bañador y sentirme libre abajo, como los pies con la hierba.

No dejó pasar la ocasión Enrique de palpar mi blanco culo y sonreir a Elena.

Esas miradas sonrientes me inquietaban positivamente, me excitaban.

Cava, postre, café, cava. Y nosotros de conversación fluida y erótica.

Elena se sentó al lado de Enrique acariciando su muslo y besándole la boca a mordiscos.

Mi sorbo de cava.

Enrique recostado hacia atrás, a mi lado derecho. Elena besando lascivamente su boca de labios gruesos. Mordiendo la barbilla de Enrique con la cabeza reclinada atrás. Elena hace descender su bañador con soltura y habilidad. La mano de Elena acaricia el pene en toda su largura de Enrique jugando en sus dedos con el líquido preseminal. Semi erecto. Ese estado del pene que comienza adquirir largura pero no está duro del todo.

Elena sonríe, me mira. Bebo cava. Comienza mi erección. Noto la hierba fresca y mi mente caliente.

Se aparta Elena de Enrique, acomodando sus largas piernas sobre el regazo de éste. Sus pechos asoman, tumbada, como delicioso manjar, como cuadro pintado en una noche de verano. Ella bebe cava. Enrique acaricia uno de sus pies y se lo lleva a la boca. Con devoción, lo besa, cada dedo individualmente y a propósito, el empeine. La otra mano de Enrique acaricia el templado muslo de Elena.

Otro sorbo de cava. Mi rojo glande tiene un hilo transparente de líquido preseminal. Me apetece.

Acaricia el empeine, los laterales del pie, hasta el tobillo con lo ancho de su lengua. Ella gime echando su cabellera hacia atrás sin dejar la copa. Me recreo en su cuello estirado por la postura. Disfruto de sus clavículas, de sus pechos que tiemblan al compás de cada chupada de Enrique. Él se recrea en cada dedo, lo chupa como una masturbación. Sobretodo el dedo gordo del pie, con el que comienza un movimiento de mamada sonora a la vez que ella cierra los ojos abandonada.

Me excitan sus piernas, las poses que tienen, y cómo soy el objetivo de una cámara que nunca olvidará esos sonidos, olores y formas.

La erección de Enrique es abusiva. Cuanto mas chupa el dedo de Elena, mas hinchado es su falo. Brillante.

Comienzo a acariciarme los muslos, cercano a mi pene. No dejo de mirar, de admirar.

Disfruto viendo entre pieles, el tanga húmedo de Elena. Un hilo de líquido cae del glande de Enrique. Sus humedades provocadas por la follada ambigua de pies.

Ella sonríe, me mira, abre la boca.

Se reincorpora Elena para sentarse a mi lado y hacer levantarse a Enrique. A 30 cm, de perfil, está Elena, grandiosa e insaciable, erótica en todo su esplendor. A la misma distancia Enrique, desafiante con el falo ante la cara de Elena.

Elena repara en mi erección. En mi capullo rojo y brillante.

Muy lentamente, sin manos, Elena comienza a tragar con la boca abierta del todo el pene de Enrique. Enrique nota el calor y saliva de Elena arqueando su cuerpo y cerrando los ojos.

Retrocede ella. Sorbiendo el capullo mojado mientras mira a Enrique que encoje todos sus dedos. El sonido es delicioso viendo como engulle, juega y lame ese capullo, delante de mi, de perfil. Veo los músculos de la boca de Elena como se recrean, tensan y destensan.

Por fin, para Enrique y para mi, Elena chupa todo el tronco babeándolo, dejando la saliva a propósito para la siguiente pasada de sus labios. Esta vez se arquea Enrique y mira al cielo casi de puntillas.

Cómo me gustaría besar a Elena.

 

Elena sopesa los huevos de Enrique mientras chupa el tostado falo sin las manos. Deja que la inercia de la erección lo deje escapar de su sabrosa y babeante boca con un sonido de vacío.

Enérgicos vaivienes de su cuello tragando y presionando la polla de Enrique.
Enrique disfrutando, con su cuerpo tenso por la relajación de la mamada. Arqueado en todo su esplendor.

Los espasmos de Enrique preveen una gran corrida de placer. Estoy acariciándome, más atento a ellos, a su pintura, que a mi sexo.

El súmmum, Elena masturba solo con los labios el capullo de Enrique. Electricidad.

Un grito, gemido, aullido. Mi polla más dura. Con segregación de más líquido.
Elena se aparta un poco. Enrique explota. Disfruto. Elena mantiene la posición.
Un chorro blanco, pinta la cara sonriente de Elena. Mas chorros. Sacudida eléctrica de Enrique. Semen sobre la cara de Elena, sobre la camisa, los muslos, los pies.

Jadeos entrecortados de Enrique. Un hilo blanco resiste a la gravedad en el glande de Enrique balanceándose.

Tengo electricidad en mi cuerpo y mi mente.

Elena se relame. Me gusta como Elena disfruta el momento. Una última chupada al pene de Enrique. Otro grito de Enrique en la noche.

Elena me besa la boca.

El secreto de la cita era que yo no podía hacer nada a lo que ocurriese.

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