La amistad con Elena y Enrique había pasado a un estado de maduración. Después de haber sido invitado aquella noche a compartir una barbacoa en su jardín manteníamos un contacto fluido vía mensajes y alguna llamada.

Nos habíamos añadido en diferentes redes sociales, disfrutando del juego de comentarnos las fotos compartidas. Creo que disfrutaban de lo que me transmitían.

Ya sea públicamente o en privado, cuando los comentarios pudieran ser más calientes, les relataba lo que me sugerían sus sonrisas, posturas o situación.

Compartíamos blogs, como mensajes cifrados, para despertar la curiosidad e incitar a la acción, o simplemente imaginar. Un juego que nos vició y que dio pie a siguientes y continuos relatos, escritos y presenciales.

Podría describir nuestra amistad como el aroma de L’Homme de Yves Saint Laurent. Provocadora y elegante.

A veces me pedían imágenes de alguna parte de mi cuerpo.

Un sábado por la mañana me invitaron a tomar un baño en la piscina de su casa.

Aquella mañana, dirigiéndome a su casa pude admirar la belleza del paraje en el que vivían. El aroma de la montaña áspera en la nariz junto a la afrutada brisa de la vegetación. Como ellos.

Tal como comentamos por teléfono solo debía entrar, era mi casa.
Los encontré tumbados en las tumbonas tomando el sol. Sus pieles, morenas, disfrutaban del sol y de las gotas de la evaporación de sus líquidos corporales. Precioso ver esas gotas agarradas pero libres en la piel tersa que hoy pude apreciar mejor.

Las vistas desde el jardín eran embriagadoras, un orgasmo al ver valles, y el Pla de la Calma. Estaba en un paraíso. Por compañía y localización.

Me sonrieron, me miraron con sus ojos brillantes llenos de vida y nos saludamos con dos besos.

Me encanta cuando me saludan con esa efusividad, abrazo y notar sus cuerpos. Calientes y acogedores.

Curioso que con la libertad que disponen los dos tuvieran la parte de abajo del bañador. Elena me dejó disfrutar de sus pechos, a la vista, redondos y turgentes. Los pezones erizados por el calor del sol. A la vista. Disfrutando los dos por haberme percatado de su belleza.

Me encanta agarrar a Elena por la cintura cuando me saluda. Es como saborear estar detrás de ella agarrado a sus caderas.

Enrique siempre me da ese abrazo de pertenencia. Tiene un tacto suave.

Mientras nos saludamos y vamos contando las últimas novedades Elena me dice de acompañarme al cambiador. Le comento que esta vez me he traído bañador. Insiste con su sonrisa a la vez que se recoge el cabello acariciado por la brisa.

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Enrique hace el gesto de “id” con un ademán. Sigo a Elena admirando como sus delicadas nalgas suben y bajan, acompasadas por dos piernas esculturales que llevan el ritmo. El surco que engulle el hilo del tanga hace que me den ganas de lamer esa zona como si mi lengua fuese el hilo. Preciosa su espalda morena en la que descubro alguna reciente marca. Lo mejor, el cuello visto desde atrás. Ese cuello que se saborea agarrado por una mano al compás de la embestida.

Mientras estaba sumergido en mis pensamientos, me doy cuenta que ya estoy en el cambiador y Elena con varios bañadores en las manos. Le enseño el mio, me lo pide y se sienta.

Me desnudo ante su mirada. Sonriente, elegante, sensual acorde a sus hombros y clavícula marcada. Sus pechos coronados. Mira y traga saliva. Humedece sus labios. Disfruto la sensación de desnudez y observación. Disfruto porque está Elena. Me pide que me acerque para ponerme el pequeño bañador short que me he traído. Se inclina para que levante mis piernas y hacer coincidir los pies con el bañador. Mi pene queda a la altura de su cara.

Las aletas de su nariz se dilatan hinchándose.

Roza sus dedos, manos por mis muslos y se nota en el pequeño salto que ejerce el bañador al esconder mi polla. Me guiña un ojo. Se levanta mientras hace ascender el bañador y lo acomoda en mis caderas. Acomoda mi rabo excitado y contento dentro del bañador. Me besa suave en los labios y volvemos al jardín con Enrique.

Enrique está tumbado, piel sudada dormitando. Elena se tumba en su tumbona mientras me sirvo un vermout negro con sifón.

– ¿Me pones crema? – Me invita Elena

Sonrío ampliamente. Su piel ya tiene temperatura con las primeras gotas de sudor. Espero que se de la vuelta, pero ella con un gesto me indica que comience por las piernas.

Saco la crema de un recipiente que mantiene el frescor. Destapo y presiono para que la crema caiga en mi mano. Las froto con la crema para que adquiera un poco de temperatura y el contraste no sea elevado con su piel.

Sus piernas ya húmedas, la crema y mis manos inician un juego de sube y baja comenzando por las pantorrillas. Esa zona que cuando aprietas y frotas, descubres unas texturas y densidades que te abandonas cerrando los ojos y levantando la cabeza, símil a la penetración de una vez, poco a poco.

Ella cierra los ojos. Sus pezones hinchados. Y su cara seria, la que pone cuando disfruta.

Enrique no pierde detalle, observador.

Esta vez el chorro de crema lo dedico a los muslos. Deseo comprobar su sensación, su reacción, del contacto de la piel que hierve al contacto con la crema fría. Sus dedos reaccionan, se tensan, y todo su cuerpo recibe un latigazo de placer sensitivo.

Aquí amaso sus bellos muslos dorados. Subo y bajo, presiono horizontalmente. Juego con mis dedos en el límite del pequeño tanga como si de mi boca se tratara acercándome a su pubis. Acción reacción y arqueo de su cuerpo. Huele a mar y su tanga recibe oleadas de sal.

Al rato poso sus pies en mi regazo para dedicarles una buena ración de crema y dedicarles mi deseo. Mi intención es hacerme con sus dedos lubricados, jugar en el empeine y hacer oscilar su tobillo mientras imagino mi boca en ellos.

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Enrique dice – Ahora me toca a mi ¿No?

Elena sonríe pícaramente diciendo – Es un poco celosón… – Y me hace un ademán de que le dedique un poco de protección solar.

Con el mismo ritual para templar la crema dirijo mis manos a su espalda, pero me dice que quiere la crema en sus piernas. Su postura es boca abajo.

Comienzo amasando sus muslos, mezclando el sudor de su piel con la crema, convirtiéndola en una pringosa pero agradable mezcla. Tiene unas piernas musculadas que se agradece masajear para poner la protección. Presiono sus carnes, necesitando más fuerza, más dedicación y casi sentado encima. Mis manos presionando con los dedos lo hacen subiendo y bajando desde el final de las nalgas recogidas por su bañador hasta los gemelos y con más suavidad el tendón de aquiles. Noto su relajación y disfrute en los arqueos de la espalda y tensión de hombros. Vuelven a subir mis manos hacia el comienzo de sus muslos, abiertas, para presionar y apretar, notando el leve levantamiento de su culo.

¿Vamos al agua? – Reclama de golpe Elena.

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Mientras tengo una mano en cada muslo cremoso de Enrique, éste se da la vuelta quedando ante mi cara una erección descomunal que obliga al bañador a abrirse sobre su abdomen mostrando un hilo de vello y de líquido en un capullo rosado.

Elena completamente desnuda ya está dentro de la piscina. Yo algo abstraído, confuso o sorprendido me quedo de pie admirando su belleza. Enrique se sienta en el borde de la piscina para quitarse el bañador dejándonos un falo plenamente erecto, duro y con ganas de fiesta. Con los pies dentro del agua se descapulla el miembro hambriento de protagonismo.

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Entro a la piscina por la zona de las escaleras que invitan a hacer una inmersión tranquila y controlada como soy yo.

Elena ya esta besando y lamiendo todo el tronco de Enrique, humedeciéndolo con esa boca de fresa y lengua de diabla.

Al acercarme a ellos Enrique se sumerge con la consiguiente aproximación de los dos para así quitarme el bañador.

Los pechos de Elena se han quedado rozando mis pezones erectos por el cambio de temperatura. Enrique al emerger roza su polla con mis nalgas.

Estoy entre los dos. Ellos se besan evitando mi presencia por lo que notar sus cuerpos se ha convertido en obligado, soy como el contenido de un bocadillo.

Elena le come la boca con pasión, deseo, para mí morbo, y elegancia. Enrique se deja.

Elena vuelve a su posición ante mi y me come la boca besándome el labio inferior a la vez que me hace poner las manos en las nalgas de Enrique. Los dedos de Elena hacen que mis dedos continúen un masaje que no ha sido realizado. Y Elena se hace con mi boca.

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