Salieron el pack completo, sólo les faltaba el perrito. Ella acabándose de abrochar la camisa, asistida por el chico sobre el que colgaba el resto del pack. Me dejó adivinar el comienzo de un pequeño escote, quise imaginarme unos pechos pequeños pero turgentes. Mirándome me dio la espalda, me giré y la vi desaparecer al final del pasillo. Al pasar a mi lado descubrí un apetecible y elegante cuello. Mi erección había menguado hacía un rato pero volvió a mi imaginación miles de secuencias y situaciones con una joven así. Creo que me atraía más la situación que la chica en si. Seguramente no sabía actuar ante semejante niña.

Salí del médico sin destino. Pasos pausados sin quitarme de la cabeza ese furtivo encuentro de miradas, o así lo vivía yo. Puede ser que el deseo y el subconsciente me jugara una mala pasada. No debe fijarse en mi. No debería, soy un depredador.

Topé con una cafetería a pocos metros del cap. Decidí hacer una merienda, leve, mi pequeña barriguita deberia comenzar a deshacerme de ella. Me gusta comer. Me senté en la primera mesa al lado de la pared. El camarero vino rápido, se acercó con cara de susto. Parecía que su cara siempre estaba asustada. Levanté la vista para observar alrededor mio. Vaya sorpresa!!!! Se iluminó una figura al fondo, tres mesas adelante. La chica de la consulta estaba sola en aquella mesa al lado de la barra. Nuestras miradas se encontraron y muy desafiante siguió mirando, sonriendo mientras hablaba con otros clientes. Resultó ser la hija de los dueños. Continuaba sopesando la edad, barajando talla, volumen, vocabulario, timbre de voz.

Comenzó a moverse más, acercaándose a mi mesa. Me gustaba verla revolotear como si de una mariposa se tratase. Ya no llevaba la chaqueta. Camisa y pantalón de saco, caido. Yo la seguia con mi mirada sin perder detalle. Saboreando cada gesto y cada curva, cada detalle que provocaba una chispa de electricidad haciendome sonreir. Se dejaba ver, danzaba por la sala.

Fué a dejar detrás mio unas cajas. Devoré su aroma joven y perfumado al pasar por mi lado. Arrodillada para poner bien todas las cajas. Me giré, descubrí el nacimiento de unas nalgas redondas y tiernas, caderas anchas para mi disfrute. Ensalivé. Humedecí. Por mi mente pasó fotograma a fotograma cómo mis labios saboreaban el hilo entre las nalgas. Cómo mi lengua surcaba desde el final de la columna haciéndose hueco entre cara y cara de su culo para después morderlo.

Quieres saber que sucedió?

Soy tu nuevo vecino, me alojo en el 4º . Desde aquí observo, saboreo, miro, me dejo llevar e intento sensualizarte. Este espacio de relatos eróticos tiene a veces un olor duro y bruto, otras con perfume, sabe a sensualidad y fantasías, pinceladas de vivencias y fantasías de este tu vecino.

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