Recupere mi posición, de espaldas a ella. No creía lo que estaba haciendo. Excitado y seducido por una mocosa de 20 años. Disfrutaba la situación. Pero no sentía como real lo que me estaba sucediendo. Volvió a pasar por mi lado partiendo en dos el olor a granja-bar. Mi vista se fue detrás de la estela que su cuerpo dejo, vital, juvenil, voraz e inocente. Al menos yo quería imaginarlo así.

Se puso a jugar en la barra con el boli y la libreta. Se mordía el labio inferior escribiendo, garabatos, o su nombre junto al de su pack rodeado por un corazón. De soslayo a mí saboreaba como esos dientes blancos hacían resultar unos labios más carnosos, clavados en tan rico fresón. Me miraba de reojo. Sonreía. Yo absorbía sus poses directamente sin quitarle ojo. De repente un arrebato de valentía me hizo acercarme a ella, lentamente, mirando los caracoles que formaba su pelo a la altura de la nuca, imaginando que clavaria mis colmillos hambrientos en esa zona suave y pura. Cogí el periódico que estaba cerca de ella y le dije:

– Me pones otro café con leche, por favor?
– Con la leche caliente o natural? – contestó ella con una sonrisa pícara
– Como tu desees- le dije clavando mi vista en sus ojazos

Me guiño el ojo e hizo una mueca con los labios como si soplara, gesto que me hizo temblar de gusto, erotizado y a la vez muy sexualizado.

– ahora te lo llevo – contestó ella.
– gracias niña – le dije. Su gesto cambió. Me miró duramente, cosa que me gustó.

Disimulaba con mis ojos entre el periódico, pero mi mente y atención estaba en ella, en sus bailes sensuales dentro de la barra. Notaba sus roces en las sillas, mobiliario y estructuras de aquel bar. Sentía escalofrío como si sus curvas se rozaran en mí.

Se acerca con el café con leche humeante. Seguro que quema y abrasa. Se inclina para dejarlo sobre la mesa, con temperamento. Clava sus estilizadas y torneadas piernas en la silla frente a mí, acercando su cara a la mía, dejándome soñar con el nacimiento de esos dulces pechos envueltos en un fino sujetador rosa pastel a cuadros. Ahora me mordí yo el labio inferior y mis ojos expresaron el deseo voraz de un animal mirando sus labios, y me dice:

– Crees que soy una niña? – sabiéndome excitado por ella, valorando todo lo que me da.
– Cuántos años tienes? – Le desafié.
– Cuántos me echas? – jugó ella.

Miré la forma de sus caderas, terminando en su culo levantado sobre los muslos fuertes apoyados en la silla, mostrándome esa postal desde delante, desde arriba. Su camisa subida levemente por la inclinación hacia delante me hizo descubrir esos dos hoyitos tan estéticos y sensuales en el final de su columna, al final de su espalda. Como deseaba esa fiera!

– Te echo… eres joven niña – le mire penetrantemente, desnudándole el alma
– Pues no te los voy a decir – arqueó sus cejas sabiéndose deseada. Sonrió pícaramente. Me retó.

Se va. Me deja plantado con cara de circunstancia pero intentando seguir seduciéndola. Vuelve con el dedo en la boca para decirme:
– tengo que llevar unas cajas al almacén, me ayudas? Tranquilo que no se enfría el café con leche.

Qué harías tú en mi lugar? Y si fueras ella? Qué intenciones tienes?

Soy tu nuevo vecino, me alojo en el 4º . Desde aquí observo, saboreo, miro, me dejo llevar e intento sensualizarte. Este espacio de relatos eróticos tiene a veces un olor duro y bruto, otras con perfume, sabe a sensualidad y fantasías, pinceladas de vivencias y fantasías de este tu vecino.

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