Aquella tarde, como cualquier otra me dispuse a coger a las 5 y muy poquito de la tarde el bus 21, lleno de proletarios y burguesitos de la zona franca como si tuviéramos un nuevo nivel, un estatus superior. Sumido en mis pensamientos apoyado con desden e indiferencia en la parada, mirando el móvil, mas bien esperando mensajes calientes de aquella amiga que me proponía ir a su casa, llegar y encontrarme la puerta abierta para que la sorprendiera e hiciera con ella todo lo que quisiese incluido atarla a la cama. En el último mensaje me escribió que iba a comprar unas esposas. Me estaba poniendo duro, a reventar, no se si el resto de personal que esperaba el bus con cara de trabajadores agobiados me estaban notando en la mirada o en la sonrisa el texto de los mensajes. Me daba morbo que lo adivinara. Como si mis poros expulsaran chorritos invisibles de aroma a vicio y morbo. Contagiando. Incitando aquel aroma a pensamientos lascivos y sexuales. Tenia ganas de llegar ya a paralelo para coger el metro y sentarme.

En eso que levanto la cabeza, con mi sonrisa picara y me encuentro con una hembra, hembra en mayúsculas, pelo ondulado con mechas, rubias, sonrisa complaciente y agradable, amplia, dulces y pronunciadas curvas, toda vestida de negro, falda, tacones?.y lo que me hizo mirarle con mas detenimiento unas hermosas piernas torneadas acariciadas por como no medias negras. Precioso escote que gritaba que cualquier boca o manos jugaran con aquellas redondeces casi perfectas, esa carne como bizcochos y aquel tono de piel canela.

Le mire a los ojos avellanas, la boca sensual me sedujo dándome un calambrazo por toda la espina dorsal hasta los parpados activándome un tic incontrolable. Me aguanto la mirada y sonrío, sabiéndose vencedora, sabiéndose reclamada y admirada, que las miradas incluso femeninas la repasaban lamiéndole cada centímetro de curva.

Hizo su aparición el bus, aglutinado por la masa obrera recién salida del enjambre. Masificado el bus perdí cualquier contacto visual con tan divina musa.

Se bajo en la misma parada que yo y por el trayecto que recorría parecía que se dirigía al mismo destino que yo, el metro, solo me faltaba redondear la faena si también necesitaba viajar en la misma dirección que yo?seria de fabula.

Me entretuve admirando y saboreando sus andares balanceantes de caderas. Imaginaba esos muslos rozando con la falda. Le gustaba que la mirase. Había relentizado el paso. Disfrutaba con esas nalgas erguidas por los tacones, desafiantes ante la gravedad, llamando a transeúnte sumido en sus cosas, los ojos paraban atención ante tal espectáculo. Mis ojos continuaban acariciando aquellas piernas, esos gemelos y muslos que se adivinaban por la raja perfectamente torneados de un negro tupido.

Aroma a metro. Me gusta. Ese olor peculiar de tren, vía?.

Hice por colocarme cerca y así coincidir en el vagón. La ráfaga de aire anunciaba que llegaba el convoy y todos nos aproximamos al filo del andén. Ríos de gente que sale, hormigas que van y vienen. Entramos, empujones, impetudes, ansiedad? me quede de pie, cerca de ella por la inercia del baile al entrar tanta gente por esas puertecitas. Lastima, no podía admirar sus piernas. Pero si ese generoso escote, regalo de dioses para inmortales. Como me habría gustado tenerla cerca y un frenazo nos hubiera hecho rozarnos?. Postrarnos uno sobre el otro. Hizo un gesto en que me regalo bastante redondez interior de esos pechos turgentes. Se incorporo y me sonrío.

Siguiente parada el vagón queda algo mas vacío. Me hago con un sitio para sentarme. Intentaba fijar mi mirada entre baile de la gente para solo milésimas de segundos alimentarme de sus lindas piernas, esos pies sensuales enfundados en aquel cuero brillante terminado en punta.

Cual fue mi sorpresa que vino a cogerse a la barra delante de mí. De cara a mi. Sus caderas a la altura de mis ojos, curvas, redondas. Ante mi boca ese triangulo que imaginaba en mi calenturienta mente que forma la unión de abdomen y muslos. Pero lo que me excito fue tener delante esas piernas, pedazo de piernas, enfundadas en esa seda negra, esos muslos que empezaba a saborear por su interior debido a los vaivenes del metro, abriéndose ahora, cerrándose después y así sucesivamente. Me dieron ganas de apoderarme de ellos abalanzando mis garras hambrientas. La redonda rodilla continuada por todo el resto de la pierna incluido el gemelo estilizaba la figura desde mi posición. Como me habría gustado lamer hasta el tobillo, sobre la media negra, morderlo. Ensalivar cada centímetro.

Se me vino a la mente una imagen grotesca y sexual de ella posando su pie sobre mi muslo y yo besando, quitándole el zapato para morder y jugar con sus dedos siempre sin arrancar esa prenda que sensualizaba y sexualizaba todas sus piernas. Ella me observaba divertida incluso creo que placentera. Estaba disfrutando, parecía que estaba leyendo todos mis pensamientos. En eso que el metro freno y se abalanzó sobre mi. Mi reacción fue la de sujetarla. Mis manos se hicieron con sus muslos. Dios!!!!! Dulce y sedosa tela que envolvía ese regalo. Regalo del maquinista. Palpe sus apretados muslos bajo las medias tupidas negras con pequeñas gotas brillantes, elegante y sensual. Seguí imaginando que ella me decía al oído que podía seguir sujetándola. Soñaba. Que mis manos apretaban detrás de sus muslos desde imposición frontal. Que acariciaba con mis manos y saboreaba con mi boca el interior de sus poderosos muslos, lamia y acariciaba todo lo largo de sus negras y elegantes piernas?

Desperté de un largo y apacible sueño?. Mi parada y el libro en mi regazo.

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