Seguro que te acuerdas de La hija es la camarera, colección de relatos en el que interactué con la camarera de una cafetería de mi barrio después de un primer encuentro en la sala de espera del médico. Después de vuestros interesantes, constructivos comentarios y consultas, a continuación relato lo que sucedió:

Salimos cargados con unas cajas de leche, mantequilla y mermeladas que en la cafetería acompañaban los desayunos del barrio, días laborables estresantes, médicos, enfermeros, la gente del barrio y  fines de semana tranquilos y sosegados, silenciosos. Salió sin chaqueta, al igual que yo, siguiéndola. Notaba que le gustaba llevar el control de la situación, dominar y tener alguien revoloteándole con quien jugar, con quién poder mantener el pulso erótico de la sensualidad y el filtreo. A quien devorar. En el fondo era una chiquilla con alma de loba.
El local que les hacía de almacén estaba en la otra esquina a 200 metros. Yo la seguía como un cachorrillo palpando con mis ojos toda su fisonomía trasera, acariciaba el pelo recogido dejándome ver su tierno cuello, la camisa suelta pero dejando vislumbrar unas curvas normales, juveniles, apetecibles para un depredador como yo al más puro estilo Pepe Carvalho. Su andar rápido con pasos cortos, moviendo las caderas pausadamente. Tuve un flash en el que me apoderaba de ese cuerpo y ella solo se dejaba hacer, dominada. Pero creo que en este caso el dominado era yo, por una niñata.
Sentí cosquillas, unas cosquillas de caza, esa excitación antesala de mi boca llena de sangre, premonición de que todo ese cuerpo, esa carne frágil y tierna, apetitosa, su mente inocente y sin experiencia apenas, seria mía, para mí, para mi disfrute y su placer. Una situación morbosa y excitante, casi prohibida era lo que causaba mi excitación.

– ¿repasándome desde atrás has adivinado ya mi edad? – me dice sin girarse
– deberías decírmela, estás jugando y te vas a quemar.- contesté
– uisss que miedo me das. Venga, aligera que he quedado con mi novio a las 12.

Esas últimas palabras hicieron excitarme y casi tremparme por el morbo adquirido, por mi mente depravada y lujuriosa, morbosa, si, otra vez morbosa. Mente y cuerpo prohibido que no hace más que incrementar mi deseo hacia ella y su alma.

– ¿qué haces con tu novio? – repliqué
– a ti te lo voy a decir, pero que sepas que me trata muy bien – me recrimino mientras se agachaba para abrir la persiana y me dejaba ver otra vez el nacimiento de sus nalgas, blancas, rodeadas del tanga como si de mis dedos se tratara. Redondas.
– ¿Y tú le tratas bien a el? – intente sonsacarle
– No te voy a contar mis cosas privadas el primer día que hablamos, más bien nunca, pero soy muy buena. – me guiñó un ojo desde el suelo.
– ¿En que eres buena? ¿Quien opina así?
– Te estas desviando… ¿entramos? pon las cajas por aquí a mano.

Estaba oscuro. No encendió la luz. Fui a hacer el gesto de encenderla pero su mano me lo impidió. La noté cálida, tentadora y con ganas de incitarme. Me seducían sus actos, sus palabras provocadoras y todo lo que la envolvía. Gestos que erotizaban mi mente y seducían mi alma. Movimientos dulces.

– sigues sin decirme la edad ni lo que haces tan bien. – increpé.
– Sería mejor que tú lo descubrieras, pero no tienes opciones – zanjó.
– ¿Por qué no? – insistí.
– Porque no te dejas llevar. – me dio una oportunidad.
– ¿Que sabes tú de dejarse llevar? – reté su instinto.

Estaba próxima a mí, removiendo bultos, cajas y latas. Saboreaba la escena, dominadora del local, de las cajas. La notaba respirar profundamente. Le miraba. Más bien la saboreaba. Degustaba toda la escena. Se le fue a caer una caja y la ayude. Chocamos y nuestras miradas se levantaron a la vez siguiéndose. Brillaban sus ojos. Descubrir sus labios tiernos tan próximos, no pude dejar de admirarlos, ella se los humedeció. Nos separaban centímetros.

– ¿te enseño mi tatuaje? – rompiendo la situación.
– Pensaba que eras mayor. – le recriminé.
– ¿Por qué me dices eso idiota? – enojada.
– Porque estábamos muy cerca y has tenido miedo. – le reté, saboreando mis labios y mirándola con descaro, desafiante.
– Que tonterías dices, yo no tengo miedo a nada gilipollas. – muy agresiva me contestó
– No eres capaz de sentarte sobre mí. – gasté mis inocentes armas retándola, como un niño.
– No, porque estas duro. – riéndose de mí.
– ¿Duro? – me hice el tonto.
– Si, ¿ves como no te enteras?, trempado, la tienes dura, eres un obsceno. – jugaba conmigo.
– ¿Ahora te vuelves inocente y tonta? Esto lo provocas tú niña. – me cansé.
– Mi novio se enfadaría si se entera. – Cerró una gran puerta de esperanza.
– ¿Y a ti que te gustaría? – intenté suavizar con picardía.
– Para ya, te voy a enseñar el tatoo.

Se giró. De espaldas a mí, bajó el cuello de la camisa para dejarme descubrir, en el punto central de su espalda donde se juntan perpendicularmente tronco y brazos, el dibujo en blanco y negro de una pantera. Su pequeño pecho quedó aprisionado por la tirantez dejando a la vista redondeces divinas. Las aletas de mi ni nariz se dilataban. El olor a humedad del local y su vista me excitaba otra vez.

– ¿Por qué te has dibujado una pantera? – pregunte inocentemente
– ¿qué te crees que soy? – finalizó.

Solo necesitaba esa contestación para accionar toda mi maquina erógena y sexual, sensual y abrasiva de la excitación ante tan apreciado y selecto trofeo. No podía dejar escapar una niña así, ni ella a mí tampoco. Un pecado prohibido en bandeja.

Le agarré y comencé a besar y morder su cuello, la nuca hasta el nacimiento del cabello, humedeciendo esos caracoles de pelo. Clavando mí barbilla en su cuello juvenil de porcelana. Mis labios mordían y se hacían con su piel blanca. Lamía como un poseso, sabiéndome embrujado por tal tentación.

Ella me susurraba:
– no, por favor, no sigas. – entre gemidos.
– te tengo ganas niña – respondía con mi voz entrecortada y mi respiración acelerada.
– ahhhhh el cuello… – jadeaba entre suspiros.

La atraje hacia mí, contra mi cuerpo, clavando mi bulto en su culo, haciéndome notar y yo notando delicioso manjar. Continuaba saboreando y devorando su cuello, hacia los lados, tierna y salvajemente. Mordiendo y lamiendo sus clavículas, desnudando sus hombros redondos y tersos. Me excitaba el nuevo aroma de su piel y mi saliva, comenzaba a sentirse ambiente a sexo.

Le gire rápidamente para comerme ese tesoro grueso que es su boca, se dejó hacer, entregada. Poseí su boca y me hice con su lengua, hábilmente jugaba en mi boca. Mordía y repasaba sus labios, el contorno. Húmedos. Violé su boca con mi lengua buscando la suya. Mientras mis manos acariciaban y apretaban todo su contorno, sus curvas para apretarlas más contra mí. Ella enlazaba sus piernas en las mías, frotándose.

– ¡Dios!!!!!! No sigas por favor – suspiraba, jadeaba, salivaba.
– mmmmmmm necesito tu miel, déjate llevar. – susurre a su oído.

Eso le hizo reaccionar como un resorte, como si de una válvula se tratara, activada con la chispa el interruptor de su pasión, vicio y entrega.

Empezó a dominar, haciéndose con mi boca, comiéndome como quinceañeros. Quería llegar a sus deliciosos manjares, sus turgentes pechos, su redondo y caderoso culo pero no me dejaba. No soltaba mi boca de sus fauces.

Era una pantera, montada sobre mí, comiéndome como adolescentes. Disfrutando de los preámbulos, de la inocencia que después lleva al arte. El arte de satisfacer el hambre. El arte del antes. Continuamos minutos, no sé cuánto tiempo, agarrándonos y besándonos.
La cogía del pelo, echando su cabeza hacia atrás, para comerle la boca y el cuello. Ella apretaba mis nalgas clavando sus dedos en mis finos pantalones. Yo la ponía contra la pared haciéndole notar lo duro que me tenía. Ella ahora clavaba sus dedos en mi pecho. Arañaba. Y volvía a dominarme con su boca depredadora. Dejándonos ir por la pasión sin cruzar los límites.

¿Qué crees que ocurrirá? ¿Qué opinas de la situación? ¿Has experimentado algo igual? Puedes hacerme llegar tus comentarios y opinión.

Soy tu nuevo vecino, me alojo en el 4º . Desde aquí observo, saboreo, miro, me dejo llevar e intento sensualizarte. Este espacio de relatos eróticos tiene a veces un olor duro y bruto, otras con perfume, sabe a sensualidad y fantasías, pinceladas de vivencias y fantasías de este tu vecino.

Pin It on Pinterest

Share This